Un domingo diferente

El poco tiempo libre del que disponemos, nos gusta dedicarlo al ocio cultural. Aunque nuestro trabajo es de contacto directo con la cultura, no siempre podemos disfrutar de todas esas cosas que difundimos en nuestro perfil de Facebook, ¡ya quisiéramos!. Pero hoy hemos salido a vivir el ambiente de Triana y Vegueta con motivo de la ya tradicional jornada de puertas abiertas de los primeros domingos de mes.

De por sí, Vegueta suele tener algo de vida los domingos con el mercado artesanal y el folclore. Pero el día soleado y los museos con entrada gratuita han ayudado a que el barrio se convirtiera en un ir y venir de gente por todas sus callejuelas.

El poder de lo gratuito. Cultura gratis. Atracción fatal. Los museos de la zona se llenan de gente, quizá ni es necesario que tengan especial interés por el arte, el paseo y el ambiente invitan a entrar. ¿Se ha convertido la cultura en un producto de consumo de lujo?. En ningún centro de la ciudad se pagan más de 5€, las tarifas varían según el museo y sus descuentos. ¿Es un precio tan desorbitado como para que se llenen hasta la bandera un día como hoy?. Es un debate que crea mucha controversia y el problema es muy sencillo o muy complicado de detectar, según se mire. ¿De qué depende?, ¿del interés que suscita la exposición al público en general?, ¿del baremo calidad-precio a criterio del visitante?. ¿Qué buscamos cuando visitamos un museo en nuestra propia isla?. Escuchamos con frecuencia frases como: “yo por esto no pago”, “esto es siempre lo mismo”, “esto no hay quien lo entienda”, “eso lo hago yo”… En ocasiones, podemos pensar que no somos una isla de tradición cultural, que no estamos abiertos a los nuevos estilos de arte o que quizá las instituciones no son capaces de llegar a todas las capas de la sociedad. Niños, mayores, jóvenes, expertos, culturetas, gente sin formación o aficionados. Las salas de arte de la isla deben llegar a todos, ¿lo hacen?.

No se trata de que todos seamos amantes del patrimonio y las creaciones artísticas de nuestro tiempo, pero parece que existen barreras que impiden que nos acerquemos a los lugares de difusión como algo que forme parte de nuestra rutina de ocio, que se rompe de vez en cuando, con la gratuidad.

Dejando de lado un debate que podría ocuparnos horas sin llegar a una fácil conclusión, hemos aprovechado el día de hoy para visitar la Catedral de Santa Ana. Sí, lo reconocemos, ¡es que era gratis!. Estaba abierta con motivo del Corpus Christi, sus alrededores estaban decorados con alfombras de sal y flores y los feligreses se sentaban frente a la Custodia del siglo XVIII, un espectáculo barroco de plata dorada que fuimos capaces de admirar sin el filtro de la Fe. Hasta hace unos días se encontraba en la sala dedicada a la platería de la Catedral, en la exposición tributo al 200 aniversario de la muerte de José Luján Pérez (en San Martín Centro de Cultura Contemporánea). Descontextualizar la obra sacra permite admirarla de otra manera, aunque para muchos sea complicado verlo con nuestros ojos ateos, el tesoro de la Catedral guarda orfebrería que no tenemos la opIMG_20150607_161659ortunidad de conocer y esta exhibición es la ocasión para hacerlo. Visitar el templo sin turistas es buena ocasión para recordar todo aquello leímos cuando éramos estudiantes. Mientras algunos rezaban, pudimos recorrer las capillas, contemplar sus nervaduras y sorprendernos con obras que no están en tan buen estado como puede parecer en un primer golpe de vista. Tanto patrimonio en propiedad privada, es difícil de mantener. Aún así, saboreamos el silencio, los cambios de la estructura de sus estilos gótico a neoclásico y jugamos a los historiadores intentando averiguar época y autor de obras de las que desconocíamos su procedencia.

Podemos contestar sin generalizar, a algunas de las preguntas que antes formulábamos: un evento especial nos hizo cambiar nuestra rutina de ocio, no pagar nos animó a disfrutar de un lugar que apenas visitamos porque, no, los domingos no vamos a misa y esta visita mereció mucho la pena. ¿Es lo mismo que ocurre con los visitantes a los museos?.

Los comercios y restaurantes de la zona estaban abiertos hasta las 18:00, también nos acercamos al ocio de consumo comiendo a buen precio y disfrutando de helado, café y una buena charla con los amigos.

LPA Sunday Shopping Party nos ha invitado a hacer este tipo de reflexiones. Observamos a la gente en una actitud distendida generalizada, había hueco para todos: compradores, comilones, familias relajadas, abuelos escuchando folclore, señoras estupendas enterrando sus tacones en los adoquines de Vegueta, niños corriendo detrás de las palomas, trabajadores con cara de agotamiento por laborar un domingo, museos más ajetreados de lo habitual, creyentes esperando a pisar las alfombras en la Plaza de Santa Ana…En definitiva, una jornada dominical diferente.

Ha sido un domingo de conversaciones tontas, reflexiones absurdas, reparando en detalles olvidados. Pensar en la cultura, en cómo se desarrolla ante nosotros y de qué manera somos partícipes. Un domingo sin el que no hubiéramos escrito este post.

¿Cuál es tu conclusión?

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One thought on “Un domingo diferente

  1. Jonay S.R. says:

    La verdad es que siempre me sorprende el movimiento que existe dentro de la cultura en días gratuitos o con diferentes actividades. Te hace pensar que si la organización de los centros fuera óptima, se promocionarían de diversas formas las actividades culturales de la ciudad para que lograran ser un éxito.
    Sobre los precios pasa lo de siempre, hay precios reducidos, hay días gratuitos, y se sabe que el arte siempre tiene un gran apoyo económico de las instituciones. ¿Pero no podemos aspirar a más? Quiero decir, ¿no se podrían reducir los precios a una cantidad siempre simbólica de 2€ por ejemplo, para que la sociedad, independientemente de su capacidad adquisitiva, pueda acceder a ella? Podemos ver que dentro del entorno de Canarias no tenemos entre nuestras adquisiciones artísticas una gran mayoría de obras de los “grandes” conocidos, con lo cual la gente no se ve interesada en acudir sea cómo sea, a una cita con esos artistas que no conocen y que deberíamos conocer. A parte, también nos encontramos con artistas recién reconocidos, con artes plásticas innovadoras, que sin un “nombre” y sin una explicación coherente de su obra, el visitante no comprenderá y por lo tanto se sentirá en cierta forma estafado por el precio de la visita. Hay que tener en cuenta estos factores. No podemos pedir el mismo precio por unos que por otros, porque el visitante no los reconocerá como tales. Para eso hay que ir buscándose el hueco poco a poco en este duro mundo del arte. Se dice que el arte no sólo lo ponen los artistas al realizar la obra, sino que los observadores, al representar esa obra en su imaginación y darle un sentido, crean el arte en sus mentes. Así pues ¿no deberíamos ser más amables con ese público que va a realizar nuestro arte?
    Tenemos que llegar a ese público de una forma u otra, con diferentes actividades, con precios asequibles, con trabajos bien hechos y artistas que se preocupen en dar a conocer el “por qué” de su obra. El mundo artístico es un mundo enorme, pero salvaje, y hay que saber unir todas sus facetas para que resulte dinámico. No podemos esperar que el público llegue a él sin estímulo, sin promoción alguna, porque en ese caso siempre tendremos los mismos visitantes en nuestros centros. Tenemos en nuestras manos la capacidad de hacerlo mejor.

    Un punto a parte para un pequeño (espero que pequeño) comentario. ¿Qué ha pasado con la restauración de las obras sacras de la Catedral de Las Palmas? Se sabe que restaurar una obra es un trabajo de gran envergadura y de un costo elevado. Pero también sabemos que el estado eclesiástico tiene ayudas y subvenciones por parte del estado, de feligreses y de distintas instituciones que también son muy amplias. ¿Cómo es posible entonces que obras de tal importancia como las que nos encontramos en la Catedral, puedan estar en semejante estado? Las contemplamos con un horror naciente a verlas con agujeros y rajas en diferentes obras pictóricas, y sin saber si las esculturas o diferentes marcos de madera puedan estar dañados también porque no podemos observarlas de cerca. Se trata de un objeto religioso y una obra de arte, tiene todas las papeletas para mantenerse en buen estado de conservación debido a las posibles ayudas que tampoco necesitarían pedir. ¿Qué ocurre entonces? ¿Por qué ese estado de abandono en un lugar tan importante? ¿Se les da preferencia a ciertas obras porque pertenecen a tal y cual artista y a otras se las condena al olvido? No es justo. Porque como bien comentaba antes, es evidente que la gente va a tener predilección por las obras de los artistas más conocidos, porque si no le hacemos un hueco a los que hemos olvidado o a los que están naciendo en este mundo, todo el movimiento artístico se quedará estático y no valdrá la pena introducirse en dicho mundo.

    Ahora sí, perdón por lo largo, y espero que la crítica sirva más para reflexionar y actuar que para enfadarse.

    Jonay S.R.

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