Historiadores de segunda

La experiencia y la distancia en el tiempo nos permiten observar una situación que parece ser generalizada en todo el territorio español. En esta nueva generación de historiadores a la que pertenecemos, podemos establecer diversas categorías profesionales.

Los historiadores de primera son aquellos que con expedientes académicos excelentes (o no), la elección del campo de estudio adecuada (por su originalidad o vacío documental precedente) y el movimiento dentro de un ambiente académico favorable (padrinos que valoran y promueven su trabajo) ejercen como tales con todas las letras: investigaciones inéditas, conferencias, docencia universitaria, dirección de proyectos, etc. Para eso escogimos esta carrera, ¿no?

Le siguen los que se declinan hacia una vocación docente a otro nivel. Tras haber pasado por un costoso curso de acreditación profesional (hoy llámese Máster de Formación del Profesorado), verse obligados a certificar un nivel de idiomas que nunca se les exigió en la etapa universitaria y romperse los sesos estudiando unas oposiciones, se encuentran, con suerte, en una larga lista de espera para poder acceder a una primera oportunidad en la enseñanza pública. Mientras tanto, esperan los resultados de años de esfuerzo sirviendo en restaurantes, cobrando algún dinerillo dando clases particulares en casa, mandando currículums a colegios privados de donde no les llaman por no tener experiencia previa o simplemente, en el paro, porque su “sobrecualificación” es motivo de rechazo para desempeñar trabajos que no corresponden a su formación. Siendo licenciado, has de mentir si quieres ser dependiente en una tienda de ropa o quitar el óxido a esos conocimientos de bases de datos que adquiriste cuando creías investigar algo que te daría de comer, para optar a un puesto en alguna oficina y hacer papeleo (aunque lo tuyo sean las datas, los legajos o las fichas de Policía y Ornato).

En otro orden, están los que logran entrar de cualquier modo en una institución cultural. Lo de ellos es el cara a cara, la difusión y la transmisión de conocimientos a todos los niveles de población. En esta categoría están los chicos para todo: idean proyectos que firman otros, no salen sus nombres en ninguna parte, no se reconoce su trabajo y jamás se llevan esa palmadita en la espalda que a veces tanto alienta.

El que da guías a través de becas o colaboraciones no remuneradas o ridículamente pagadas o el que se mata por ordenar un archivo durante unos pocos meses por un plan de empleo que su alcalde prometió en campaña electoral con la esperanza de “quedarse”. El que investiga por su cuenta sacando dinero de debajo de las piedras para poder publicar. El que accede a puestos en museos en el nivel más bajo, pero con su licenciatura por delante como requisito, sin que le paguen lo merecido ni de lejos, pero aplicando sus valiosos conocimientos como el que más.

Estos son los historiadores de segunda. Los escondidos. Los del trabajo “sucio”. Los que no se llevan méritos. Los que ante la Seguridad Social no son llamados por su nombre, sino que son camuflados bajo los términos de “auxiliar”, “becario”, “ayudante”. Ni siquiera como técnicos. Su futuro no es muy esperanzador: o aguantas o te vas. Y los que nos vamos nos tenemos que reciclar y dirigir nuestro camino hacia otra profesión para poder vivir.

Hablemos de casos que conocemos de primera mano. Muchos de esos “chicos para todo” se cansaron de hacer mucho y cobrar poco. La elección de salir de un círculo que realmente te apasiona es difícil, pero continuar en unas condiciones de “invisibilidad” es más duro aún. Hoy, hay historiadores repartidos por el mundo laboral en campos que jamás se habían planteado: han estudiado otras carreras más, llamémoslas útiles, como módulos de formación profesional con cierta demanda con la esperanza de poder encontrar un empleo digno; muchos han emigrado huyendo de la situación (au pairs, dependientes, friegaplatos, camareras de hotel…); otros muchos han dejado siquiera de intentarlo.

¿De veras no hay hueco para todos?, ¿quién copa los puestos de trabajo que deseamos?, ¿somos necesarios?, ¿ya no tenemos nada que aportar?, ¿por qué nos vemos obligados a renunciar?.

Vayámonos fuera de España. Casualmente existen ahora dos demandas de trabajo exactamente iguales pero con condiciones muy diferentes en puntos geográficos distintos dentro de la Unión Europea. Se trata de puestos para cuidadores de salas en museos. En la Galería Nacional de Escocia reclutaban hasta el 4 de mayo cuidadores de sala y personal de atención al público a media jornada. Los requisitos son conocer algo de la colección, don de gentes y habilidades comunicativas, además de la responsabilidad que supone la seguridad del museo. El salario es de unos 20000€ anuales aproximadamente (16.150 libras). No se requiere formación universitaria y la contratación es directa por parte del museo.

A este lado, nos encontramos ante un concurso público, de esos que gana “el peor postor” para una empresa que provea a los museos de una isla (lo hacen en todas ellas) de cuidadores de sala que además sean licenciados, sepan idiomas, se encarguen de la atención al público en taquilla, estén disponibles para dar visitas guiadas, cumplan funciones de seguridad, de administración en la caja de taquilla, protocolo en eventos organizados por el organismo y aclarando que “estas prestaciones pueden estar sujetas a modificación de acuerdo a los intereses de…” Y a continuación la institución en cuestión. ¿Creen que una subcontrata va a pagar a los licenciados esos 20000€ anuales?. Ya les decimos nosotros, que ese sueldo podrían alcanzarlo, pero en 3 o 4 años.

¿Qué está pasando?. Que los poderes centrales permiten que seamos historiadores de segunda. Lo permiten y lo promueven. Bajo contratos de auxiliares, azafatos o promotores o becarios, verdaderos historiadores están en el lugar adecuado pero en la situación y momento menos oportunos. ¿Saben que pasa con esos historiadores?. Que se cansan y abandonan sus inquietudes, tarde o temprano lo hacen. Marchan al extranjero, se convierten en algo que no son, olvidan su pasión, sus años de formación. Simplemente dejan de vivir su vocación para sobrevivir con otra cosa que no aman, pero les permite subsistir. “Por lo menos tienes trabajo, ¿no?”.

 

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One thought on “Historiadores de segunda

  1. Ernesto says:

    Patético EH? Pero es la triste realidad a la que nos …resignamos? Supongo que prácticamente todos somos de segunda mirando a un lado y otro en la imagen mental que tengo de mi clase. Y la cosa no creo que vaya a mejorar demasiado teniendo en cuenta que no hay ningún tipo de lógica entre las plazas que se ofertan de cada carrera y los.puestos de trabajo a los que se puede acceder

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