Visitamos el estudio de Juan Guerra

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Desde que era estudiante de Historia conozco la obra de Juan Guerra. Recuerdo que la primera vez que vi un cuadro suyo fue en el CICCA (Centro de Iniciativas Culturales de la Caja de Canarias) en el año 2009, en una exposición que mostraba los fondos artísticos de la entidad. Varios años después, tuve la oportunidad de conocerle mientras él visitaba un museo. Empezamos a hablar sin saber quién era. Como muchas veces pasa, puedes conocer muchas obras de un artista sin ponerle cara, hasta que tímidamente dijo: “Yo también soy artista”. Tras un rato de conversación me di cuenta de a quién tenía delante. En aquel momento CanarizArte era una simple idea que apenas comenzaba, no estaba materializada del todo y me dije que si salía adelante, quería dedicarle un artículo a él. Y aquí estamos por fin, grabadora en mano, dispuesta a entrar en su mundo creativo.

Nos encontramos en su estudio, sito en la zona de Vegueta-Triana. Es un lugar amplio, con varias estancias repletas de obras que cuentan la historia de su vida artística, sus etapas y evolución estilística.juan-guerra-estudio03

No sólo se ha dedicado al arte -pues ya saben lo complicado que resultar vivir exclusivamente de la de la producción artística-, también ha sido docente y profesor de dibujo. Recuerda esta etapa con cariño y también a sus alumnos, algunos de los cuales hoy son reconocidos artistas con los que sigue manteniendo una bonita amistad.

Antes de convertirse en docente, años atrás -en la década de los 70- realizó obras que califica de carácter intimista. Son interiores en los que adivinamos objetos sobre soportes con perspectivas irreales y habitáculos imposibles de predecir. Colores vibrantes para unos objetos llenos de luz, manchados una y otra vez hasta labrar su forma final. No hablamos de bodegones exactamente, preciosismo o imágenes figurativas –o no del todo-. Son estancias que invitan al recogimiento a través de sus gamas añil (que ya ha hecho suyas) y toques vivos como el de los amarillos y rojos en los elementos naturales. La naturaleza muerta también jugó un papel importante en esta época, en lugares que no existen, pero te invitan a entrar en ellos.WhatsApp Image 2016-12-07 at 18.03.07 (6).jpeg

En esa etapa, La Sala Cairasco acoge una de sus primeras exposiciones. También conocida como la Caja Insular de Ahorros, fue la primera sala de arte de la ciudad que hoy es el CICCA. En aquél momento Tomás Gómez Bosch exponía en la sala contigua y Juan Guerra aún recuerda el momento en que el fotógrafo y pintor –nonagenario entonces- se acerca a la obra del joven Guerra y le anima a continuar trabajando en la línea de la naturaleza y los colores intensos. El paisaje en su producción ya estaba presente.

Los años 80 –cuando también obtiene la Cátedra de Dibujo- fueron marcados por una tendencia hasta el momento inexplorada, el arte figurativo. Desnudos con los que reivindica que él no es sólo paisajista aunque la gente le identifique frecuentemente con el género; porque además, en su trayectoria, ha habido sitio para la abstracción. En este momento diversas galerías comienzan a interesarse por su obra, participando en una quincena de exposiciones individuales y colectivas.

Durante esta etapa obtiene sus primeros premios, siendo los de la Tercera Bienal de la Villa de Teror y el Premio Nacional de pintura de la Ciudad de Las Palmas, los que recuerda con especial afecto.

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Cartel de la IV Bienal Regional de Arte de la Villa de Teror, con su obra ganadora “Columpio”.

La década de los 90 está marcada por sus paisajes, los cuales nunca abandonó mientras exploraba otras posibilidades. De hecho, recuerda que en su infancia en un pueblo de la Comunidad Valenciana, ya mostraba interés por el género. Con respecto a esta etapa evoca los momentos en los que paseaba de camino al colegio. Su inquietud por la naturaleza le instigaba a disfrutar de cada paso en las mañanas nevadas con los pies hundidos en la gruesa capa helada. Un paisaje níveo que cambiaba en primavera por laureles y en verano convertía las llanuras en infinitos campos de trigo mecidos por el viento. Ese fenómeno le hipnotizaba, entraba en los campos a jugar entre las espigas hasta perderse disfrutando de la soledad y la paz. Sensaciones que hoy sigue plasmando en sus producciones de corte paisajístico.

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Descubrió que esas imágenes grabadas en su mente podían ser transmitidas al papel, en obras que realizaba con apenas 7 años –algunas de las cuales aún conserva-. Pero confiesa, que uno de sus soportes favoritos para expresarse era la pared de su casa, donde para eludir las riñas de su padre descolgaba almanaques, espejos o cuadros para dibujar tras ellos y luego poder ocultarlos. El problema se hacía visible cuando llegaba el momento de mudarse, pues salían a la luz esas obras de arte traviesas que había logrado esconder. Su padre, lejos de reprenderle, llamaba a los vecinos para que admiraran la creatividad de su hijo.

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Sus panorámicas surgen de recuerdos y experiencias, no se sienta en medio del campo para dibujar lo que ve como hacían los impresionistas. Pero sí tiene algo en común con ellos: la ejecución de las formas a través de la mancha. Confiesa que no hace bocetos y no dibuja previamente, sólo da unas pinceladas que le guían en su composición. Previamente escoge los colores que son reflejo de la sensibilidad de ese momento, el resto, viene sólo:

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“Yo tengo el lienzo, mancho, sé que voy a hacer un paisaje, son manchas abstractas y dentro de esas manchas construyo el paisaje”.

Se inspira en sí mismo, en sus viajes, en la vida. Crea atmósferas de paz, donde nada ocurre. No hay movimiento, no hay personas alrededor; tan solo rocas, agua, tierra, niebla o bruma. No en vano, muchas de las exposiciones realizadas desde esa época hasta hoy llevan en sus títulos palabras como onírico, solo, anónimo o silencio. Le gusta la música clásica, que le acompaña en sus momentos de creación y recreación de la soledad.

Asimismo, sobre ésta década, hace mención a la exposición colectiva “Anastomosis”. Catálogo en mano, habla de esta muestra celebrada en 1995 en el Centro de Arte La Regenta:

“Esos recuerdos de mi infancia me llevaron al tema de la hierba”.

Pues la exposición fue fruto de una convivencia entre artistas en la Finca de Osorio y le sirvió para elaborar toda una serie en torno a la naturaleza.

Su paisaje cambia con el tiempo, admira a artistas como Hopper, Turner o Böcklin. “La isla de los muertos” (serie de óleos de éste último) le ha servido de inspiración para sus propias obras, de hecho las reinterpreta en su ciclo titulado “Islas”, expuesto en el CICCA. Esas rocas aisladas crean un ambiente algo inquietante, formaciones solitarias, acompañadas únicamente de su reflejo en el agua y una atmósfera misteriosa.WhatsApp Image 2016-12-07 at 18.03.07 (9).jpeg

Efectivamente, podemos identificar su obra con la de grandes paisajistas del XIX como Turner, Böcklin o Friedrich. Por el contrario, se aleja mucho del paisajismo canario al que estamos acostumbrados, por ejemplo, con las acuarelas de Bonín o los óleos de Nicolás Massieu. Con respecto a esto explica que siente gran admiración por Turner, incluso ha viajado hasta Londres para conocer su obra más de cerca. Tienen en común la ejecución a través de la mancha. Como delineante, rechaza el uso de la línea, pues necesita libertad para proyectar sus ideas en el soporte. Huye de la perspectiva lineal, del dibujo de contornos o siluetas. Mancha hasta crear la atmósfera y el paisaje con una perspectiva aérea.

La arquitectura es igualmente una de sus fuentes de inspiración. Visita lugares que luego no reproduce, sino crea nuevas ciudades a partir de lo vivido. Incluso la literatura es germen de creación, a través de lecturas como “Ciudades Invisibles” de Italo Calvino o los “Pilares de la Tierra” de Ken Follet. En consecuencia, contrucciones emblemáticas como la cúpula de San Pedro del Vaticano y el Puente Sant’Angelo de Roma aparecen entremezclados en sus obras.

La realidad no existe, a veces sólo es tomada como referencia, interpretada de forma oscura y en ocasiones apocalíptica. Para el poeta y ensayista Lázaro Santana, ha ilustrado algunas portadas de sus libros.

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En “Recuento romano” (2015), evoca una antigua ciudad inspirado en las arquitectura romana y barroca. De este trabajo surge su serie “Paisajes anónimos”, expuesta en La Laguna y la isla de La Palma en el año 2009.

Le gusta viajar, y Japón es un país que le incitó a diversificar sus referencias artísticas tras su participación en el International Art Festival VII de Tokio (2008). La experiencia le llevó al uso por primera vez de la tinta china y comenzó a crear óleos donde cambia sus tonalidades habituales. El blanco y negro dominan. Fascinado por el mundo asiático, tuvo la oportunidad de conocer la obra del pintor chino Gao Xingjian en el Museo Reina Sofía en el año 2002. A partir de entonces, crea nuevos panoramas bajo esta complicada técnica que domina con excelencia.

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En algunas ocasiones ha expresado su deseo de pintar sobre el de exponer, lejos del ego del artista (en el buen sentido), no pinta exclusivamente para que su obra sea admirada:

Yo pinto pero no pienso en exponer, pinto por pintar, porque me gusta. Lógicamente cuando tienes una producción considerable, ¿qué hago con esto?. Luego te piden –exponer-, rara vez he pedido hacerlas –las exposiciones-. Pero me llaman ¿Juan tienes algo? Y expongo. Tu ves una exposición mía y aquello parece una colectiva porque son temas distintos, con técnicas distintas. Pinto día a día, cuando tengo 40 o 50 cuadros ves que no tienen relación, son temas diversos. Ves lápiz, tintas chinas, acuarelas, acrílicos, óleos…Ves de todo”.

Él adapta su producción a las exposiciones que se le presenten, no trabaja a base de encargos, por medidas o temas:

“Eso no lo hago nunca porque entonces te condiciona, pintar cuadros para un espacio… Eso no va conmigo, yo pinto lo que me apetece según el estado de ánimo en el que me encuentre y si no pinto pues no pinto, aunque no paro de hacer cosas. Pinto por el placer de pintar”.

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Recientemente le han comunicado un excelente noticia: será nombrado Académico de Número de la Real Academia de Bellas Artes de San Miguel Arcángel -aunque ya pertenece a ella como Académico Correspondiente desde el año 2013-. Recibe la comunicación con entusiasmo y agradecimiento después de toda una vida dedicada al arte. Ahora en esta nueva etapa, colaborará activamente con la institución, cuyo compromiso es preservar y mejorar el patrimonio cultural canario.(El acto de ingreso tendrá lugar el 16 de diciembre a las 19:30 en el Museo Canario).

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Culmino así una tarde de charla, contemplación y admiración a la producción artística de toda una vida. La del polifacético Juan Guerra. Dejo atrás los pasteles, acuarelas, óleos, tintas chinas o dibujos a carbón que llenan las paredes de su espacio. Donde lienzos y papel están dominados por la armonía en la composición, las gradaciones serenas y las panorámicas como manifiesto de la soledad.

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Para saber más, puedes visitar la web del artista en el siguiente enlace: http://juanguerra.es/

Aldara Santana

Historiadora

Fotografías: CanarizArte Difusión Cultural

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