ARCO 2017: Reflexiones sobre una feria a la que no fui. Canarias tampoco.

Canarias ha ido perdiendo brío con el paso de los años en lo que a su presencia en la Feria ARCO se refiere. Nacida en 1982 e impulsada por la galerista Juana de Aizpuru, ARCO llegó a Madrid como un soplo de aire fresco, un grito a la libertad artística tras 40 años de dictadura. La capital de España quiso convertirse también en capital del arte contemporáneo, y poco a poco lo ha ido consiguiendo.

La década de los 80 fue una etapa brillante para el arte en Canarias. No sólo despegaban artistas que ya habían comenzado su trayectoria, sino que el interés por las disciplinas creativas iba creciendo para ciudadanos e instituciones. Esta década destaca por el nacimiento de museos y centros de arte que hoy siguen en activo tras más de 20 años algunos, y otros ya cerca de cumplir su tercer decenio. Es también el momento de las galerías: Manuel Ojeda (1984-Las Palmas de Gran Canaria), Saro León (1988-Las Palmas de Gran Canaria), Artizar (1989-Santa Cruz de Tenerife) o el Centro de Arte Casa Mané (1991-La Oliva), revitalizaron el panorama artístico junto a otras grandes aperturas apoyadas por órganos oficiales. Destacan, entre otras, el Centro de Arte La Regenta (1987-Las Palmas de Gran Canaria), CIC El Almacén (1989-Arrecife) y el Centro Atlántico de Arte Moderno (1989-Las Palmas de Gran Canaria). Apoyado este momento, además, por organismos con un dilatado recorrido histórico como el Círculo de Bellas Artes de Tenerife, la Escuela Luján Pérez o la Real Academia Canaria de Bellas Artes.

Tras este boom, la década de los 90 fue el momento de exhibición de todo lo que el artista canario es capaz de hacer. Inauguraciones, exposiciones, nueva producción, salidas al extranjero y como no, una gran presencia en ARCO. Leyendo monografías de los artistas en activo de la época, en los currículums de gran número de ellos aparecen menciones a su asistencia durante varios años consecutivos. Pero la época dorada ha perdido su fulgor.

A finales de los 90 y con la llegada del nuevo milenio, surgieron otros espacios en las islas: El Tanque Espacio Cultural en 1997, Tenerife Espacio de las Artes en 2008, San Martín Centro de Cultura Contemporánea y Espacio Cultural S/T en 2011 (en la zona de Vegueta-Triana). A su vez, tristemente, otros irían cerrando sus puertas. Sería natural pensar, que cuantos más espacios para los artistas, mayor producción y mayores posibilidades de dar el salto a la gran fiesta del arte en Madrid; pero la realidad es bien diferente. Tras todos estos años, la Galería Leyendecker (Santa Cruz de Tenerife), fundada en 1979, es la única que a día de hoy continúa asistiendo a esta cita anual del arte contemporáneo. No destaca de igual modo, por la inclusión de artistas canarios en sus listas, ni siquiera españoles. Por tanto, su representación en ARCO, es más geográfica que cultural.

En el año 2016, sólo cinco artistas canarios sobrevivían a ARCO, a través de galerías de la península. Este año, parece que sus galerías no les han dejado en sus fondos: el artista conceptual Juan Hidalgo, reciente Premio Nacional de Artes Plásticas, repite experiencia con la galería salmantina Adora Calvo. También se encuentra el escultor Martín Chirino, con la Galería Marlborough, presente en Madrid y Barcelona. Otra representación canaria, viene de la mano de Concha Jerez (Premio Nacional de Artes Plásticas 2015), con la Galería alicantina Aural. También fieles, obras de Manolo Millares y Óscar Domínguez se integran en parte de los 200 espacios que ocupan las galerías en esta edición. Como ya rezaba un artículo de Federico Utrera en “El Diario” en 2016, sólo 5 artistas de nuestras islas parecen haber sobrevivido una vez más a esta cita internacional. Si no me equivoco, y deseo equivocarme, la historia se repite.

¿A qué se debe? Releyendo las palabras de Leopoldo Emperador -artista y presidente de la Asociación Islas Canarias de Artistas Visuales (AICAV)-, pronunciadas el pasado año en el Parlamento de Canarias, detectamos una de las causas:

“Otro de los factores que inciden en el aislamiento, si no el más grave, sí el más oneroso para los propios creadores, es la discriminación por cargas arancelarias que sufren los artistas visuales canarios a la hora de mover libremente sus obras por el territorio nacional y europeo, espacios que nos pertenecen y, al que pertenecemos por derecho propio en lo cultural e identitario.

Y esto, Señorías, tiene un efecto perverso no sólo sobre los creadores, sino también sobre la sociedad civil.

Recientemente hemos visto la polémica suscitada, y amplificada por los medios de comunicación locales, por la no justa valoración de las obras de creadores canarios en el mercado nacional, es decir, sin conocimiento, no hay puesta en valor. No hay EXISTENCIA del arte de Canarias más allá de nuestras difuminadas fronteras, salvo aquellos artistas que han ejercido su profesión desde el territorio nacional”.

¿Cómo luchar contra la insularidad si las instituciones competentes no hacen nada al respecto? Desde que D. Leopoldo Emperador pronunciara su discurso “Artes Visuales en Canarias: precariedad e incertidumbre de futuro”, nada parece haber cambiado.

No hablemos sólo de ARCO, vayamos a pequeñas ferias o exposiciones. Artistas con los que hemos tenido la ocasión de hablar, cuentan con pena cómo pierden buenas oportunidades por el alto coste de sacar su obra fuera de las islas. No les sale rentable en tiempo -porque supone abandonar el trabajo del que viven, que no es el arte-, ni tampoco por dinero -al no manejar grandes ahorros, tienen miedo de hacer la inversión y luego no vender-. De este modo, ni ellos crecen como artistas (porque aquí no se les apoya) ni crece el arte canario porque seguirá siendo desconocido mientras no salga de estas pequeñas siete fronteras.

 

Buscando un lado un poco más amable, el lanzaroteño Adonay Bermúdez (gestor cultural y comisario independiente) se encuentra en esta reputada feria presentando su último libro: “Penumbra. Lanzarote no es ningún paraíso”. Editado por Micromegas (Murcia). ¿Qué tiene de especial?, cuenta su editora Marisol Salanova, que se trata de una exposición transportada a otro plano, el libro, en este caso con un nuevo concepto: el libro comisariado. En él, Bermúdez recoge textos de artistas canarios -o artistas relacionados con las islas- como Teresa Correa, Karina Beltrán, Rubén Acosta, Ildefonso Aguilar, Claudia Torres, Paco Rossique… Un total de 24 creadores que hacen que un trozo de nuestro arte sí haya pasado por las “benditas” aduanas, aunque no se muestre en el modo tradicional. Arte canario sin lienzos, tablas o esculturas; arte canario con letras e imágenes, una exposición diferente para disfrutar desde casa.

Ojalá que en 2018 las palabras que escriba sobre ARCO sean mucho más positivas. Ojalá que esta discretísima presencia de nuestro archipiélago sea una llamada de atención o ya, más bien, una alarma bien ruidosa de peligro.

Escribo desde casa. He visitado ARCO desde mi ordenador a través de noticias y redes sociales (les sorprendería la información que puede dar un uso eficaz de los hashtags). Escribo desde casa, no he ido a Madrid. Los historiadores y gestores culturales también vivimos en precario, pero eso no nos impide investigar y mostrar nuestro modo de ver el mundo.

Aldara Santana

Historiadora

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