Entrevista a Francisco Mireles, técnico de la FEDAC.

 

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Francisco Mireles Betancor es Licenciado en Historia y Antropología Social y Cultural. Es profesor-tutor en la UNED, investigador y uno de los promotores, desde sus inicios, de la elaboración de la Carta Etnográfica de Gran Canaria.

El miércoles 26 de abril a las 19:30, estará en las XIII Jornadas de Patrimonio Cultural de Teror con su ponencia El camino de la muerte: metáfora de un ritual en la sociedad tradicional.

 

 

  1. Las tradiciones en cuanto al mundo de la muerte han cambiado mucho en las últimas décadas. Hemos pasado de cuevas a cementerios y de éstos a cremaciones. ¿Se siguen conservando costumbres más antiguas? (Luto, Ranchos de Ánimas, Misas de Luz o rezadas, velatorios en el hogar del fallecido, etc.)

Sí, hay elementos de una cultura que no desaparecen, al contrario, quedan vestigios, casi fósiles relictuales de tipo cultural que se transmiten y, en cierta medida, continúan. Eso no quiere decir que no existan cambios. Pues en cualquier manifestación popular siempre hay cambios producto de unas variables que han ido modificándose. El luto o los Ranchos de Ánimas han pervivido, aunque es verdad que con exponentes limitados, pero que aún nos pueden transmitir formas de vida que son de otro tiempo. Otras, indudablemente, desaparecen, pues la sociedad que las practicaba ha ido modificando sus usos.

  1. En el archivo de fotografía histórica de Canarias podemos encontrar numerosas imágenes relacionadas con entierros, el luto, funerales e incluso muertos. ¿Qué valor antropológico tienen hoy en día?

El valor etnográfico y antropológico es muy alto, pues las fotografías son la manifestación tangible de formas de actuar y de relacionarse con la muerte que han desaparecido. El problema estaría en saber descifrar todos los códigos que allí se están poniendo en escenas. A veces, desde el presente, hemos perdido esas claves, pues inevitablemente el elemento intangible ha variado y no lo conservamos. La instantánea fotográfica encierra una serie de códigos, de claves sociales y culturales que en muchas ocasiones se nos escapan porque no sabemos interpretarlas. Ahí radica uno de los valores de la antropología, la de transmitir en la actualidad, a nuestra sociedad aquellos principios y formas de momentos pretéritos.

  1. ¿Cree que existe hoy el mismo respeto y miedo a la muerte? ¿En qué se manifiestan sus diferencias con respecto a generaciones anteriores?

El miedo a la muerte existe y ha existido. Es verdad que los avances en la medicina y, por lo tanto, la baja mortalidad, ha hecho que no tengamos tan presente la muerte en nuestras vidas. En generaciones anteriores la muerte fue un acompañante de la vida, el sufrimiento de muertes lentas y dolorosas o el impacto de las repentinas, hacían que, en cierta medida, te familiarizaras, estuviera presente. Además, las manifestaciones del dolor y de la pérdida se mantenían en el tiempo mediante los lutos y las pautas sociales que restringían las formas de actuar de las personas, a veces, durante toda una vida.

Vivimos en una sociedad en la que la profilaxis sobre la muerte impera. Evitamos los duelos en las casas para así disminuir el impacto del recuerdo, las expresiones verbales del dolor se han moderado o los tanatorios, que con su decoración minimalista, evitan las connotaciones de dolor o el papel del difunto, que en las cámaras mortuorias, a través de cristales, se alejan del resto.

  1. Recientemente se han añadido 138 nuevas fichas a la Carta Etnográfica de Gran Canaria, entre las que destacan los descansaderos de muertos. ¿Qué función tenían? ¿Sabemos si hoy guardan su uso?

No. Ya ningún descansadero de muerto guarda su funcionalidad originaria. Muchos son puntos en caminos o cruces de camino, en los que los vecinos mayores nos han transmitido oralmente que allí, en aquel sitio, apenas señalado, se paraban las comitivas fúnebres que, en el traslado del féretro, se paraban un rato “para coger resuello”. Pues las veredas que conducían desde los pagos más alejados hasta los pocos cementerios que existían eran largos, máxime en una isla donde la orografía y los desniveles son pronunciados.  Algunos descansaderos, ya en los núcleos poblacionales, se hacían de obra, colocándose varias cruces, como ocurre con los de Tunte o La Aldea, en el que la plataforma evidencia el espacio en el que se depositaba la caja. Otras veces, el testimonio oral se ha perdido y han quedado como espacios de religiosidad popular, en cierta manera reconvertidos en forma de calvarios, en el que aún algunos vecinos del lugar ponen flores en mayo o han colocado hornacinas con una advocación concreta, como ocurre en Tejeda o en Santa Brígida.

  1. ¿Queda patrimonio etnográfico relacionado con la muerte por catalogar? ¿Van a ser protegidos los puntos de interés que ya conocemos?

Sí, quedan aún muchos espacios y elementos inmuebles por catalogar. Afortunadamente aún  las personas locales nos indican de muchos puntos que formaron parte de los largos caminos de la muerte y de las costumbres asociadas, como son la multitud de cruces conmemorativas que detectamos en el territorio.

Inventariar no es proteger en el sentido estricto. Es verdad que para proteger se debe primero saber qué existe y con qué contamos, es el primer escalón. Posteriormente, se establece el interés de cada elemento o de cada punto, para así determinar qué bienes serían factibles de introducir en un catálogo y, al menos, protegerlo en documento de ordenación.

Aun así, es la propiedad sociedad la que con sus acciones de reivindicación de su pasado y de su identidad, la que exige a los organismos oficiales la preservación de un bien. Este proceso pasa inexcusablemente por la toma de conciencia de cualquier vecindario que preserva, mima y le da importancia a las manifestaciones patrimoniales que considera como propias. Si un grupo humano no defiende, reivindica y cuida su patrimonio, difícilmente se podrá conseguir una protección efectiva y llamar la atención de la administración.

Muchas gracias Francisco Mireles por su participación.

(Fotografía cedida por el entrevistado)

Aldara Santana

Historiadora

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